
Esta es una superstición muy arraigada, no solo en el campo sino en la misma ciudad capital de Santiago del Estero.
Dice que el almamula es una mujer que vive en pecado: una mujer que tiene como amante a su padre, o a su hermano o a su hijo, es decir a alguien de su propia sangre. Una mujer que se revela ante la ley de Dios, pues no siente vergüenza ni pudor alguno de sus amores.
Ante tamaña herejía el Señor la condena en vida a que vague por las noches, convertida en mula, buscando quien la redima. Porque aun siendo almamula puede salvarse, si encuentra un hombre corajudo que le haga frente y le corte un pedazo de oreja, o le haga cualquier incisión de la que brote sangre. La sangre del almamula y la voluntad de reincidir en el pecado, pueden salvar a la mujer y a su alma.
El ciclo del almamula tiene dos etapas:
si el pecado es reciente, puede salvarse. Pero si ya pasó mucho tiempo y nadie
la hirió, lamentablemente se pierde.
Es creencia popular que el almamula
sale los martes y jueves, especialmente cuando hay viento del sur o cambio de
tiempo y siempre después de las 12 de la noche. En su primera etapa es como un
burrito pequeño, que a veces suele venir alado “en la punta del viento”. El
almamula grita .Y ese grito eriza la piel y pone miedo en el alma de quien
escucha, pues su grito resume la desesperación y la locura. Quien desea
salvarla debe preparar un cuchillo y esperarla (cuchillo porque es de acero, y
además tiene cruz entre el cabo y la hoja). Dicen que ella sabe cuándo alguien
la espera para herirla, y grita aún más fuerte para atemorizar a su salvador, y
a la vez poner a prueba su valentía. Si el hombre no muestra signos de miedo y
se le acerca resuelto, ella baja la cabecita y se queda quieta para que la
corten: es como un ritual, se necesita que derrame sangre para lograr su
purificación, su absolución.
En cambio el almamula vieja es mala,
agresiva y goza haciendo daño. Una característica que la distingue de la
anterior es que echa fuego por la boca, y que de ella penden gruesas cadenas
que va arrastrando. Además su parte trasera es hueca. Dicen en el campo que su
instinto animal se manifiesta ante las majadas: ataca a los indefensos corderos
y los mata, comiéndole únicamente las vísceras.
Al almamula condenada no se la puede
redimir. Si alguien la hiere, aunque sea levemente, la mujer enferma y muere,
sin que la ciencia pueda salvarla.
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