miércoles, 23 de octubre de 2013

La Telesita




Conozca uno de los mitos más populares del Chaco y de Santiago. Él de la joven Telesfora Castillo, que murió calcinada en los montes de Figueroa, pero que aún sigue apareciéndose en esos lugares, igual no se asuste porque es generosa y hasta puede concederle un deseo a cambio de que usted baile en su honor... 
Entre los tantos mitos y leyendas del campo, la de “La Telesita” es una de las más difundidas, especialmente entre las personas que viven y trabajan en los montes de Santiago del Estero y Chaco. Cuenta la historia que Telésfora Castillo vivía en los montes del departamento de Figueroa, en Santiago del Estero, era muy pobre, por eso “la Telesita” siempre andaba descalza y en harapos.
Un día de invierno, cuando el frío era estremecedor, Telesita, vio a lo lejos, en lo profundo del monte el resplandor de una fogata. Ella era muy inocente, por lo que se acercó al fuego para calentar su cuerpo, pero no midió las consecuencias. Se posó sobre un grueso tronco seco que estaba caído. Algunos árboles estaban quemándose y de repente una llamarada proveniente de un arbusto encendió su precario vestido. Pronto el fuego se apoderó de su cuerpo y se echó a correr, hasta que el fuego la consumió. La gente del pueblo se extraño porque esta muchacha amante del baile no concurrió esa noche a uno que se hacía. Al otro día la encontraron quemada y todos la lloraron.

LAS TELESIADAS

Las “Telesiadas” además son todo un rito, primero se le debe hacer una petición a la Telesita. Para obtener respuestas, el promesante debe beber siete copas de alguna bebida alcohólica por ella, luego tiene que bailar siete chacareras en su memoria, mientras sigue tomando, hasta que se consumen las siete velas encendidas en un altar previamente preparado dentro de un rancho. Recién una vez consumidas las siete velas, comienza la algarabía general, llena de alcohol, empanadas, asado y al ritmo de guitarras, bombos, bandoneones y violines que tocan gatos, escondidos, malambos, zambas y chacareras, acompañados por el estruendo y la humareda de los cohetes.

Enseñar la Leyenda?



La importancia de la tradición lingüística de nuestros pueblos originarios y de sus leyendas y costumbres, radica en la pertenencia a las propias raíces que se puede generar en los alumnos.
Tomar la leyenda como marco atractivo, de fantasía para explicar la realidad, para que el niño pueda contextualizar esos relatos en una época y lugar determinado, es necesario para fomentar el conocimiento y la integración de los saberes y costumbres originarios de nuestro país que se han visto olvidados por las distintas colonizaciones e inmigraciones.
Creo que este tipo de proyecto en la escuela fomenta la capacidad creadora del niño, despierta su imaginación y su búsqueda de respuestas nuevas, y lo sitúa frente a un pasado que puede modificar su presente para inspirar su futuro.